Estoy cansado, mi ropa está sucia y mi cabeza se encuentra en muchos lugares. Virginia duerme ahora y no tengo más compañía que mi libreta, el lápiz y un par de coloridos africanos en tránsito. Pero estoy feliz ¿Sabes?, amo ese fundir de la lengua, ese tutti-frutti de colores que van y vienen, y que finalmente se mezclan en una marea caleidoscópica de sueños, deseos y objetivos de todas clases. Estar en tránsito es nunca detenerse, es ese espacio insípido que provee el aeropuerto de turno, con esas sillas estrechas de consultorio callampa que apenas son buenas para sentarse, sin embargo, cualquier superficie tímidamente acolchada supone una victoria para el esquivo confort del viajero cansado. Estar en tránsito, es como pedir el baño en casa ajena, nunca estás realmente cómodo, y la verdad es que nadie quiere que lo estés, has tu asunto lo más rápido posible y lárgate, ojalá sin dejar tapado o fétido el sagrado trono. El tránsito es ese espacio que necesitas para recuperar un poco de la energía que te permite seguir adelante.

Todo mi mundo cambia cuando me subo a mi querido Centropuerto (bus que permite la conexión entre el centro de Santiago y el aeropuerto), debo reconocer que odio la burguesa comodidad del transfer, al primer indicio de comodidad recuerdo a mi madre cargando con esfuerzo un montón de bolsos, a mi somnolienta hermana colgando de su cuello y yo aferrado a su mano esperando -sin mucha fortuna- alguna micro que, sin dar mucha pelea con la gente, nos permitiera volver a casa. Odio el Transfer como aquel que tuvo que madrugar y defender en el transporte público maquetas y trabajos para poder llegar a tiempo al examen de turno.

 

Viajar significa jamás detenerse, jamás reparar en estupideces y vivir tu día a día como si fuese el último.

 

Viajar es Zen en movimiento, un impulso incontrolablemente nómade que te obliga permanentemente a estar aquí y ahora. Cambian las caras, los aeropuertos, compañeros y paisajes, pero nunca la actitud. El día en que mi estómago deje de sentir ese cosquilleo tan particular que siento cuando me acerco a policía internacional, será el día en el que deje de hacer esto. ¿Mariposas en la guata? Claro. Si enamora vagar sin mucho plan, enamora enfrentarse a la incertidumbre y a los avatares de un nuevo destino, enamora saber que puedes hacer todo lo que te propongas.

Me motiva la honestidad del viaje en solitario, soy gestor autónomo de mi rumbo en cada paso sin que nadie sufra los embates de mi carácter. Porque si decido quedarme en algún lugar me quedo y punto, sin mediación alguna con terceros.

Amo tanto enfrentarme permanentemente a cosas que no entiendo, que resulta vital no arrastrar a nadie a una aventura sin sentido motivada más por la pasión que por la razón. Muero en mi ley.

Ahora en este viaje las cosas han dado un giro inesperado, cambié mi viaje a China por acompañar a mis amigos a Campo de Hielo, lo que me dejó la última mitad de febrero con posibilidades de seguir vagando, China ya no era opción ya que difícilmente podría recorrer todo lo que tenía pensado. Revisé algunos itinerarios que tenía archivados en mi cabeza y le dije a Virginia, quien en ese entonces era mi pareja:

 

– “Chica elige: Amazonas, Guatemala, Marruecos o Turquía”.

 

Mientras esperaba la respuesta a tan inesperada propuesta, cruzaba los dedos para que escogiera Turquía y así fue. De principio mi cabeza se imaginaba cruzando por Siria, Líbano y Jordania pero en agosto estalló la Guerra civil en Siria y todo se fue al diablo, el país es y sigue siendo hasta hoy, una caldera. Viajar acompañado… ¡Uf! ¿Podré escribir?¿Podré dormir en un cuchitril como acostumbro?¿O en el piso del aeropuerto?, al menos mi compañera es una mujer 4×4 y eso me tranquilizaba mucho. Quizás el desafío más grande que tenga que sortear previo al viaje, sea conmigo mismo.

Cargo una mochila de malas experiencias saliendo acompañado, de cierta forma esas experiencias modelaron mi fascinación por las incursiones en solitario casi como un estilo de vida (De hecho entre mis vikingos amigos se ha hecho toda una institución el molestarme tras volver de un viaje, o saber a quién le fastidié la existencia). Ahora el desafío era tremendo ya que si bien, estaban las voluntades puestas en disfrutar de una gran aventura, nuestra relación en ese momento transitaba por el borde de un cuchillo.

O nos arreglábamos dando sentido a nuestro futuro juntos o nos íbamos al cuerno.

Vi nuevamente en el viajar, en el compartir el tiempo, la posibilidad de tomar una decisión importante para la relación y los objetivos personales.

He pensado siempre en una relación de 50 y 50, dos mitades que se potencian y que son capaces de construir algo mucho más grande que ellos mismos, donde ninguno sobresale permanentemente más que otro, en equilibrio, en ecuanimidad, ¿Será una utopía anhelar eso? Quiero creer que no.

Sé que no.

 

[Ha sido particularmente difícil transcribir la crónica]

 

Viajar acompañado supone una aventura completamente diferente, una aventura que necesita de mucha tolerancia, respeto y mucha comunicación. Pero he de confesar que viajar acompañado para mi supone una revelación:  ¿Será ella la mujer que añoro, aquella dispuesta a saltar conmigo o capaz de motivarme a saltar con ella? ¿Aquella que forme parte de mis crónicas más íntimas? ¿Aquella con la que pueda crecer y soñar cada vez más alto juntos?. Mis más cercanos saben que la historia con Virginia acabó hace un buen rato y mi exceso de honestidad hace mal, así que por ello no considero prudente exponer el fin de una historia súper feliz que tuvimos juntos, esa es parte de otro cuento, uno que se guarda con cariño, silencio y profundo respeto.

Confié en Virginia gran parte de la planificación, primero porque entre el Magister que estoy cursando, la planificación de la expedición a Campos de hielo sur con mis amigos y el exceso de trabajo, no me permitía hacerme cargo de todo; en segundo lugar, Virginia jamás ha viajado fuera de Chile, no habla nada de inglés e imaginé que podía empaparse de lo rico que es ponerse en contacto con otra gente y aprender cosas nuevas.

Creo que uno siempre está viajando mucho antes de ponerse a hacer las maletas.

Finalmente pasaremos por Turquía y Jordania, con un presupuesto escueto y una motivación de los mil demonios.

Así comienza la aventura…

 

Siguiente capítulo, Idas y Esperas

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