20 Febrero 2014; Wadi Rum, Jordania.


 

[Como era de esperar, me hice amigo de Alei y nos llevará a Wadi Rum]


A las 7:00 hrs estábamos desayunados y arriba de la camioneta rumbo al gran desierto rojo. Del camino no podría hablar demasiado: desierto y más desierto.

883249_10203366030089456_679091409_oAlei me cuenta muchas historias entretenidas, en cada una de ellas te vas dando cuenta de lo que subyace culturalmente en la identidad de los árabes. La más importante de ellas tiene relación con su ex novia ya que si bien para los beduinos es permitido casarse con un máximo de cuatro mujeres -sólo si las puede mantener-, Alei es hombre de una solamente y hoy está casado y además es padre de una niña pequeña. El tema es que mi amigo estuvo perdidamente enamorado de su ex, su gran amor juvenil, con la que duró ocho años, decidieron entonces casarse y como dicta la norma beduina, Alei fue a pedir la mano al padre de la muchacha, éste se negó rotundamente sin dar explicación alguna, lo que llevó a mi nuevo amigo a abortar la misión, terminar la relación con mucho dolor y empezar nuevamente.

Un par de años después conoció a la que sería la madre de su niña y jamás volvió a reparar en las circunstancias que llevaron a su ex suegro a negarle la mano de su hija -de la cual Alei aún está enamorado hasta las patas-. Me cuenta que a veces se ven en algunas fiestas y le entristece verla casada con otro y miserablemente pobre. Sin embargo Alei se considera un hombre afortunado, tener a su pequeña hija le cambió la vida y le dio una nueva perspectiva, sigue en contacto con su ex suegro que aún le guarda mucho cariño, pero inevitablemente éste se llevará a la tumba las razones por las cuales prohibió esa shakespeareana historia de amor.

 

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Llegamos a Wadi Rum Village, 5JD cuesta la entrada que permite ingresar al hogar de una de las tribus beduinas más importantes del mundo árabe, los Al-Heuwaitat fueron en su tiempo una gloriosa tribu, gestores relevantes de la Rebelión árabe durante la primera guerra mundial. Orgullosos guerreros y no tan hábiles diplomáticos, que como mencioné antes, y acorde a la investigación de Eugene Rogan, fueron víctimas de nuestro clásico “pico en el ojo” o mejor dicho el “British dick in the eye”, el Emir Feisal fue incluso, para los mismos árabes, “una marioneta de los británicos”.

 

/Pico en el ojo/ chilenismo para: Meter el miembro viril en el ojo de alguien. También se utiliza cuando alguien a engañado a otra persona, “te metieron el pico en el ojo”.

 

1965409_10203366035649595_383302329_oMehedi Saleh Al-Heuwaitat, mi anfitrión, es el estereotipo hollywoodense de un árabe cualquiera, de rasgos finos, barba perfectamente recortada, delgado y de voz pausada, es como el Michael Jackson de la villa, un gran tipo.

Como saben no soy de contratar tours vía agencias, pero Wadi Rum parecía, en la práctica, poco probable de hacer en solitario, así que me apunté con el emprendimiento de Mehedi porque hacía recorridos no tradicionales y privados ya que una experiencia menos plástica y sin tantos turistas en el famoso desierto de Wadi Rum era lo que buscábamos. Tras tomar el tradicional té de bienvenida -puta que hemos tomado té-, conocimos a nuestro guía Salah, él a diferencia de Mehedi era más corpulento y de cara redonda, es de tez quemada y el pelo negro como la gran mayoría de los beduinos. Tras cargar las mochilas en el jeep nos largamos a nuestro primer día de trekking en Wadi Rum.

Estúpidamente sin agua, comenzamos una escalada que por momentos se dificulta, ya que a Virginia, de piernas más cortas, le costaba más escalar en algunos lugares. Salah en un rol de profesor le recomienda relajarse, respirar profundo y que comience a sentir las piedras, que fluya con ellas y las entienda, que asegure el siguiente paso y a ¡arriba!, mientras que yo tomaba nota de la nueva técnica para engrupir que me era revelada.

/Engrupir/ chilenismo para: Conquistar y seducir al sexo contrario.

 

1614504_10203366047169883_1813609451_oAsí la marcha por los acantilados se hizo más fluida, e imaginaba lo feliz que sería mi amigo Gonzalo en este paraíso de piedra teñida de rojo, cuyas rocas tiene una suavidad indescriptible, a menudo piensas que se van a derretir o algo peor -que imbécil-, éstas formaciones rocosas que no me canso de palpar -Uy- tienen incrustadas piedras más pequeñas, como si se tratara de un coral desarrollándose en las espaldas de un cangrejo. La erosión causada por los elementos ha moldeado este lugar con una maestría única, donde quieras poner la atención, puedes ver una nueva Petra tallada en la piedra. Wadi Rum es un lugar increíble.

De a poco fuimos conociendo a Salah, que en un principio era bien distante, durante las primeras horas nos fuimos poniendo a prueba el uno al otro sólo observándonos, hasta que nos instó a escalar una pared compleja, casi vertical. Él lideró el difícil ascenso y al cabo de un par de pasos volteó su mirada a nosotros, que aún mirábamos la pared pensando “por donde mierda subimos” y nos grita desaforadamente: “JAJAJAJA Salah 1- Uds. 0, Salah gana”. Así se rompió el hielo y dedicamos los días restantes a intentar engañar al otro para mejorar el marcador. Finalmente salimos del acantilado con un patético 0-2 en contra, más adelante y tratando de ponerme serio le confieso a Salah lo siguiente: “¿Salah, sabías que yo en Chile trabajo como doble de acción?”. 1-2 ¡vamos que se puede!.

El almuerzo fue compartido con otro guía amigo de Salah que andaba paseando a unos franchutes, a quienes no pesqué. El abundante almuerzo me tenía más interesado: había té, jugo, mucho pan árabe -parecido al pan pita-, pescado, una suerte de estofado y vegetales para mi vegetariana acompañante, en fin, un almuerzo muy abundante que me dejó con el ombligo apuntando al cielo. Posterior a eso Salah ordenó todo, se subió a la camioneta y nos dejó tirados: “Camina en esa dirección” y se fue.

Ni tonto ni perezoso, aproveché y me saqué los zapatos porque amo andar a pata pelá y nos fuimos caminando en la dirección que nos señalaron, tras unos 20 minutos aparece Salah desde otro lugar y nos montamos al jeep para conocer la “caaaaasa de Lawrence de Arabiaaaaaa”. El lugar estaba infestado de guías que sorprenden a sus clientes con la historia de la famosa casa de Lawrence, los inocentes turistas creían toda la parafernalia del guía: “como pueden ver, acaaa Lawrence de Arabia hacía cacaaa!!”. “Ahhhhhhhhhh” contestaba la gente y mientras nos acercabamos Salah me dice:

 

“¿Sabías que esto nunca fue la casa de Lawrence?”

Si -le contesté- Pero ¿por qué hacen tanto escándalo los guías?

“Es que de este montón de piedras, hicieron la casa en la película”

Ahhhhhhhh jajajaja

 

Y con ese comentario mi amigo desparramo acidez y destruyó la ilusión de los crédulos turistas chinos. Me agrada Salah.

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Así que, restando importancia al montón de piedras que despertaban la devoción de los chinos, preferimos subir una colina y lanzarnos a las dunas saltando de un risco – Sí, muy pendejo-, luego vimos unos petroglifos del año del orto, conocimos a un pastor de camellos y al primo de Salah, que nos ayudó a recolectar leña para el fuego de la noche. Luego visitamos una aldea donde la Virginia se entretuvo mirando a una cabrita saltarina, le hice bullying de calidad a unos chinos que en realidad eran franceses, tome más té, nos largamos al Um Frouth Arch que es un puente de roca que todos escalan y donde se sacan las mismas putas fotos -hice lo mismo-, y ya se nos está yendo el día, y quiero pasar rápido toda esta paja molida anecdótica que no le interesa a nadie, -ni a mí- para pasar, luego de ver una hermosa puesta de sol, a lo importante: la conversación en la fogata con Salah.


/pendejo/ chilenismo para: niños pequeños.

 

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La noche nos arrecia y deja aparecer nuevos sonidos y colores, la cena estaba servida y era tan abundante como el almuerzo, fruta y mucho té -bedouin whisky, le dicen- nos acompañaron en una gran velada que tuvo de todo, música, risas e historias que me permitieron acercarme otro paso más a la comprensión del sistema social y religioso de una tribu beduina. En un esfuerzo estéril por ser preciso con la historia original os comparto las historias de mi amigo Salah.

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LA PELEA

Salah me cuenta que generalmente los beduinos se van a los golpes de mano en algunas ocasiones, en una de ellas las cosas salieron más o menos mal, cuando uno de sus primos se trenzó a golpes con otro tipo y este último quedó todo machucado pero nada grave, de igual forma el golpeado “demandó” al primo de Salah, dando pie a que se celebrara un tribunal presidido por el Sheij de la tribu, este personaje tiene las capacidades que le da la edad: el conocimiento, la sabiduría, una vida espiritual correcta y la capacidad de guiar, para dirimir los conflictos al interior de las tribus beduinas.

El tribunal está compuesto por el Sheij que hace de juez, el acusado, el demandante, testigos y audiencia. La historia en el tribunal fue que, el padre de quién sacó la peor parte en la pelea, demandaba al primo de Salah por la no despreciable suma de 200JD (160.000clp aprox.) por los, casi imperceptibles, daños de la gresca entre ellos. La demanda no cayó nada de bien entre los beduinos asistentes que consideran el tribunal, como una oportunidad de arreglar los problemas como hombres honorables. Salah me cuenta que las sanciones terminan siendo normalmente de orden moral, es decir, el tribunal busca medidas ejemplificadoras basadas en un fuerte código de honor que fomente el perdón y el acuerdo mutuo, pedir dinero en cambio es considerado el último recurso, el que es muy mal visto.

A palabras de Salah y de muchos árabes que conocí acá: “El dinero viene y va, el honor es más importante”.

 

La historia finaliza con el demandante recibiendo la suma de dinero que exigió y ganando la mala fama que generó al rechazar cualquier intento honorable que terminase el conflicto.

 

*

 

BASUREO

La otra historia la vivió el mismo Salah trabajando en otra empresa de turismo: Escuchó una conversación que se supone no debería haber escuchado, ya que básicamente fue denostado por su empleador en los términos más fuertes en que un árabe puede insultar a otro, esto es cuestionando su honor y hablando mal de su madre y sus hermanas.

Las vueltas del destino hacen que quién insulta, sea el mismo personaje que demandó los 200JD de la historia anterior. Salah me cuenta que perfectamente pudo haber matado al viejo bajo el amparo de los juicios de honor, sin embargo el hombre tenía 50 años y Salah no quería hacer injusta la contienda. Así pues, Salah notificó a su padre y éste, quien es una persona muy influyente en la tribu, notificó la demanda al irrespetuoso empleador. Como era de esperar, el viejo trató de excusarse, diciendo que los insultos no eran para Salah, que a él lo estimaba y que bla bla bla, de igual forma la obligación del viejo era aceptar la invitación a sentarse al tribunal.

El padre de Salah concertó el evento y llamó a un Sheij importantísimo de Amman para dar una señal de imparcialidad al juicio. Salah llevó a su testigo, quién era el amigo que escuchó los insultos propinados a Salah, y procedieron a argumentar sus posturas, tanto el demandante como el acusado. Una vez realizados los alegatos, el Sheij dictaminó que la gravedad del insulto exigía que al acusado le cortaran la lengua o que éste pagara una suma exagerada de dinero, sólo si el demandante accedía. Arrepentido hasta los huevos, el tipo se disculpó, pidió clemencia y luego de que la familia de Salah discutiera el destino del acusado, el padre de mi amigo aceptó la compensación económica, que debía ser pagada en el acto.

Una vez recibido el dinero, el padre de Salah comenzó a repartirlo a todos los presentes, le dio una suma importante al Sheij y equitativamente distribuyó el dinero entre la audiencia y él, quedándose sólo con 200JD, justificó lo siguiente: “estos 200JD se los robaste a mi sobrino al no querer arreglar el problema como un hombre (el de la pelea), este dinero me lo quedo, pero quiero que sepas que regalé el resto por que no me interesa tener dinero de alguien sin honor”.

 

*

 

EL ROBO

Los beduinos solucionan sus problemas como weones honorables. Salah me cuenta la historia de un beduino que robó durante algún tiempo y que cuando lo pillaron, lo sentaron en el tribunal y no le quedó más remedio que auto desterrarse por vergüenza.

El castigo moral y social que sufrió, supuso que desde el momento en que no reconoces tu culpabilidad, y que no tienes ninguna razón justificable para quitar las pertenencias de otro (puede padecer de hambre y así se justifica en parte, el acto de robar), serías conocido ad infinitum como: “El ladrón”, cuyo rótulo no sólo lo acompañará a él hasta el final de sus días, sino que sus hijos y los hijos de sus hijos serían conocidos también como los parientes de ” El ladrón”.

Extremista o no, esta es la manera en la que resuelven sus problemas acá. A menudo los medios de comunicación nos invaden con los castigos que ejecuta la sharia (ley islámica) y no nos hacen cuestionar lo que subyace a estos hechos de sangre. Es cierto que en países islámicos más radicales, la cosa raya en lo inhumano y lo condeno con fuerza, pero acá los beduinos se inclinan a dar una lección honorable que permita marcar precedentes y evitar que estos actos se repitan en el tiempo. En un país como el nuestro lleno de delincuencia -con y sin corbata-, donde insultar a los demás es parte del día a día, donde la vergüenza y el respeto por los demás es puro relativismo, bien nos hubiera caído tener códigos morales férreos como los de estos nómades de la arena.

Los beduinos, de a poco se van sedentarizando con el correr de los años, tratando de mantener incólumes sus raíces culturales y sus leyes pre islámicas. Su ley se sostiene en cuatro importantes pilares, donde en su base encontramos al honor como el más importante, luego viene la hospitalidad, el coraje y la valentía.

 

[Ha llegado Mehedi con un montón de amigos de Salah y ¡un laúd!, mientras el mero mero nos pregunta por nuestro día, se arma el carrete en medio del desierto. ¡Se armó compadre!]

 

Hace un rato los muchachos se han ido a descansar, quedamos en la fogata Salah, Mahmud, Virginia y yo, disfrutando del talento de Salah tocando el laúd con la zurda, bajo un cielo estrellado y lleno de ruidos raros, de hecho se sentía en el lugar la presencia de un quinto integrante, rápido como el rayo:”¡Mira que chiquitito!”, exclamó Virginia desatando las carcajadas descontroladas y llenas de extrañeza de nuestros amigos árabes, quienes después que pasó la risa nos preguntaron “¿qué chucha significa chiquitito?” Y nada, tuve que hacer la mímica para explicar que “chiquitito” era algo más chico que “tiny, small” y otras leseras. Y se les pegó, lo entendieron y no lo dejaron de ocupar nunca.

Salah nos pregunta si estamos casados (obvio) y si teníamos un “chiquitito children” (obvio) y respondemos a cada pregunta con la confianza que merece un amigo.

Hora de dormir bajo las estrellas y junto al calor del fuego, a la beduina.

A lo lejos se escuchan animales extraños, pero da lo mismo, después de la conversación de hoy, ya nada más importa.

 

Siguiente capítulo, Nómade entre nómades.