16 Febrero 2014; En algún lugar que no recuerdo…


 

Esperando...

Esperando…

Salimos rumbo a Estambul el día 16 de febrero y tras 18 horas de viaje arribamos al aeropuerto Charles de Gaulle en París, Francia. Es un aeropuerto inmenso, de arquitectura “circular” y difícil de transitar incluso para los mismos franceses. Tras cumplir con los papeleos de rigor esperamos el vuelo a Estambul en una sala con Playstation -de pago-, computadores con internet -de pago- y wifi, que después de 15 minutos se vuelve -de pago- lenta como río de caca.


Estambul desde el aire es una cosa de locos, una ciudad gigante, rodeada de áreas verdes que contrastan con algunos campos de energía eólica, lo nuevo y lo viejo se juntan en una ciudad asentada en parte de Europa pero que mira de reojo su basta extensión en la fantástica Asia.

Un señor sentado a mi lado, que al parecer se pasó mil cebollas por las axilas, y que por ello desde ahora en adelante lo llamaremos “Don Cebolla”, se sorprende cuando le comento la razón de mis viajes y más aún cuando le menciono mi presupuesto:

 

– “No más de 20 USD diarios para todo, comida, transporte y alojamiento”.

-¡Estás loco!-

Si, lo sé.

 

Decidimos pasar a Estambul durante la última etapa del viaje, así es que tenemos que esperar los vuelos que necesitamos para llegar finalmente a Amman, capital de Jordania.


*

 

De la Yegua

Pasa que la Yegua -mi mochila- no llegó a Estambul. Se quedó en París tomando un café o quizás se desorientó con los fuertes perfumes que, dicho sea de paso, efectivamente son para suavizar, mitigar o potenciar el olor a ala.

El caso es que me quedé en Estambul esperándola en la cinta transportadora, pasaban y pasaban los bolsos y mientras la Yegua no aparecía te empiezas a imaginar de quién mierda sería esa maleta rosada con puntos que viene ahí… miras las caras de todos los pasajeros y dices: “ah, debe ser de ella” y cuando efectivamente le aciertas al dueño, es orgásmico. Así pasó bastante rato, algunas maletas de corte femenino llegaban a las manos de cuestionables varones y otras, más infantiles, eran retiradas por algunas veteranas. De la Yegua nada, bien puesto tiene el nombre esta weona.

 

/weona/ chilenismo para: Tonta.

 

En ese momento mi preocupación sólo residía en: “Estoy cerdo y pasado a bolas”.

El extravío de mi mochila jamás lo esperé, pero no me importó mucho la verdad y sólo atiné a imaginar ¿qué clase de aventura estará viviendo la suelta esa?. Me dirigí entonces a la oficina de equipaje perdido, llené dos veces el puto formulario porque no me entendieron la letra y acto seguido entra “Don Cebolla”, el señor que se sentó al lado mío en el vuelo, maldiciendo a Air France, entendí que también había perdido un bolso, ante lo cual lo miré y le dije: “shit happens” y me retiré confiado en que la Yegua llegaría en dos días más al Aeropuerto de Amman en el vuelo TKXXX operado por Turkish Airlines. ¡Weona suelta!

 

*

 

El Cairo

El Cairo

De Estambul a El Cairo, idas y vueltas.

He declarado públicamente mi profundo amor a lo que significa estar “en tránsito”, mi único problema es que agota… que el “jet lag”, que sácate el reloj, el cinturón, los zapatos, que el Ipod, que la chaqueta, que sin el pasaporte, que con el pasaporte y ya fuera del Ataturk International Airport de Estambul, el caos mental siguió con infructuosas visitas a la oficina de EgyptAir para quejarnos del cambio sorpresivo y unilateral que sufrió nuestro vuelo a Amman.

 

Tras muchas idas y vueltas pudimos sacar el boarding pass.

El siguiente vuelo considera una no despreciable escala de 16 horas en el Cairo, antes de arribar al Queen Alia International Airport en Amman, Jordania.

 

Siguiente capítulo, ¡El Piramidazo!