23 Febrero 2013; Katmandú, Nepal.


 

He dejado aparte este capítulo deliberadamente, merece un lugar importante en mi primera aventura por Asia.

 

@rugiendola Ya! Llegó el día, el maestro de mi maestro reside en algún lugar de kathmandu, tengo una dirección vieja, un numero de telefono de un x y 8 horas para lograrlo!!!

La historia comienza así:

He llegado a Katmandú desde Bután a las 10:00hrs. Me dirijo de inmediato a la oficina del nervioso y desesperante Kabiraj, es tan desesperante que en cada una de las visitas que le hago olvido mi cámara por querer arrancar rápido. Bueno… el tema es el siguiente, tenía preparado todo para ver a Rimpoché el día 5 de febrero, ese era el último día libre que tenía el maestro antes de encuevarse en soledad para meditar. Kabiraj fue informado antes de mi arribo a Katmandú que el día acordado seguiría siendo el 5 de febrero a las 17:00hrs. y gentilmente se ofreció a ayudarme y ubicar al maestro por mí. Los datos de los cuales yo disponía sólo eran un número de teléfono antiguo y el nombre de un barrio, Bishal Nagar.

/Rimpoché/ tibetano para: Precioso, preciado.
/Encuevarse/ chilenismo para: Pasar una larga estadía dentro de una caverna.

5 de febrero, ha llegado el día y tengo todo listo para visitar al maestro de mi maestro pero este desesperante y escupidor ser me dice que el encuentro se pospuso para el día 23 de febrero por orden expresa del “gurú”.

“¿Seguro?”

– Kabiraj: Si, hablé con el gurú por teléfono.

“¿Estás 100% seguro?”

– Kabiraj: Si.

Ok, le creí, en ese entonces no sabía que me iba a desagradar tanto su persona, así que nada…confié, habla nepalí así que quizás pueda serme útil para encontrar a Rimpoché más rápido.

23 de febrero, con pilas cargadas por culpa del mágico paso por Bután. Es otro día importante para mi, Jikusama -mi maestro- me encomendó en Santiago entregar un regalo a su Maestro personalmente (Jikusama es el responsable del nombre con el cual muchos me conocen, Dojun).

Llego a la oficina de Kabiraj después de una reconfortante ducha y nos ponemos en marcha, el maestro tenía su templo en algún lugar de Bishal Nagar, un barrio ubicado al noreste de Katmandú. Es un barrio contradictorio este, en su parte central era horrible y sin pavimento en sus calles, a medida que te ibas internando en los callejones podías ver que las casas de las familias pudientes colindaban con algunas viviendas muy humildes, extraño contraste que mantuvo mi atención durante todo el rato que el desesperante e improvisador Kabiraj hacía malabares para pillar la dirección correcta, llevábamos una hora perdidos y si no fuera por la gentil llamada de un discípulo de Rimpoché jamás hubiéramos logrado encontrar el lugar.


*

 

De el Templo, la ceremonia, la comida y el puto dolor de rodillas.

El templo es increíble, es pequeño pero capaz de alojar en su interior a más de 100 personas, no es posible sacar fotos en su interior así que trataré de describir el lugar lo mejor posible:

Entrando te encuentras con un jardín precioso y muy simple, acá la gente estaciona sus autos o motocicletas ya que algunos recorren largas distancias para poder llegar al templo. Continuas caminando luego en dirección a la puerta principal tallada al más puro estilo nepalí, eso sí, antes debes dejar los zapatos en la entrada y afortunadamente nadie acá se fija si tus calcetines tienen un hoyo, de eso me aseguré por que tenía una papa en el talón y otra en el dedo gordo del pie y nadie reparó en ellos. Olor a pata al menos no tengo -o eso creo-, pero he caminado más que kung-fu así que antes de llegar me aseguré de oler mis presas con insistencia.

El interior del templo es maravilloso, partiré por el piso: es un “parquet” particular ya que forma lindas figuras en el piso y además reduce el más mínimo contacto con la luz, haciendo el ambiente muy controlado e íntimo. El piso se encuentra repleto de cojines rojos en los cuales la gente se sienta en la posición de loto o medio loto (piernas cruzadas como “indio”, pierna derecha sobre izquierda). Son las 14:00hrs. Kabiraj me acompaña, él es hinduista y no cacha nada de lo que ocurre en este lugar, yo por mi parte estoy peor que él ya la ceremonia es en nepalí y sus cantos -hermosos- están escritos en el idioma local, osea… es un CULO intentar entenderlo. Pero ahí estaba, sentado en medio loto, aguantando el dolor de rodillas y contemplando el enorme altar que tenía un Buda gigante en el centro y un par de hombres santos a sus costados.

Todo reluce acá, el dorado de sus adornos, pinturas y estatuas refleja la energía que puedo ser capaz de percibir de esta especial Sangha empapada de misticismo, ofrendas, flores e incienso. En una especie de pupitre se encontraba el Abad y más abajo a la derecha, la esposa de Rimpoché -si, se casan-, cerca de ella hay un par de monjes manejando un equipo de audio y video, todos en una conmovedora comunión.

 

/Sangha/ tibetano para: Comunidad religiosa.

Kabiraj, Kabiraj, Kabiraj… acá empiezas a ganarte una patada en la cabeza.

Me acerco respetuosamente a uno de los monjes del templo y le digo:

“Hola, vengo a juntarme con Rimpoché, vengo de Chile y soy discípulo de Jikusan”

– No es posible hacer eso

“¿Qué!? ¿Por qué?!”

– Está en retiro… te estuvimos esperando el día 5 e febrero.

Imagine lo peor, que se había ido a alguna caverna de los Himalayas a meditar contra la pared o qué sé yo, quería realmente azotar la cabeza de Kabiraj en el suelo y hacer un mandala con sus huesos -pensamiento muy budista por cierto-, confié estúpidamente en él y ahora soy víctima de su ya tradicional improvisación. Le dirigí una mirada gélida y cargada de odio -esto también es muy budista-, desde ese momento decidí tener una relación estrictamente profesional con él. Pico en el ojo, me quedo acá e intentaré por último contactar a alguien para que entregase el regalo que me encomendaron.

Una hora ha pasado desde el impasse y Kabiraj recién entiende que no tengo intenciones de irme y que ya no lo necesito, se acerca a mi como un “pollito mojado” y me dice:

“Let’s Go?”

– Are you crazy?!, tu imprudencia me costó caro, la fecha acordada fue el día 5, no hoy.

____________Silencio

– Si tienes que hacer vete, yo me las arreglo solo.

Y así nuestro escupidor y atormentado Kabiraj salió indignado por la puerta del templo, y eso que aún tenía que juntarme a cenar con él y por supuesto que aquello lo repitió más de mil veces y mis cercanos saben que odio a la gente que repite todo.

Ya estoy en calma y me decido a esperar lo que sea necesario para establecer contacto al menos con el Abad, de pronto todo se iluminó y se acercó a mí un señor nepalí de fina estampa y con un muy educado inglés, me pregunta:

“¿Entiendes algo de la ceremonia?”

– Del idioma nada, pero es similar a lo que hacemos nosotros

“¿Similar?”

-Si, yo también soy “practicante”, vengo de Chile a ver a Rimpoché.

“¿Tú eres el discípulo de Jikusan?, te estuvimos esperando el día 5!

– Lo sé, tuve un problema de agenda con mi operador… -Grr!!!-, vengo con un regalo de parte de Jikusan para Rimpoché.

“Qué lástima, ahora Rimpoché está en retiro, ¿Cuándo dejas Katmandú?”

– Mañana a primera hora.

“Lo lamento, si quieres, en el break te invito a conocer al Abad, quizás él pueda ayudarte a entregar el regalo”

– ¿Enserio?, Muchas gracias!!!

Han pasado algunos minutos, me dedico a ver el techo que está a medio terminar, los monjes y fieles han juntado dinero y están pintando los muros como un gran thangka, les debe quedar como 30% para terminar los muros y el techo, es sin duda una maravillosa expresión artística, me siento muy privilegiado estando en este lugar…

“Andrés, ven!. Este es el Abad, sugiere que entregues el presente a la esposa de Rimpoché”

– Abad, mucho gusto…

” Hola, te estuvimos esperando el día 5, ¿te lo comentaron ya?”

– Grrr-

El Abad es un viejo chico pelao y semi gordo, parece un Buda sonriente y al parecer es bastante cómico ya que en la ceremonia sacó varias carcajadas a la audiencia. Tras despedirme de aquel particular hombre debo postrarme ante el Buda principal (son tres postraciones que simbolizan el desapego, la humildad y la búsqueda de la verdad por sobre todas las cosas), realizado esto voy a ver a la esposa de Rimpoché, quien es mucho más de piel que el Abad…

“El alumno de Jiku!!!, que alegría conocerte, te estuvimos esperando el día 5!”

– Grrrr-

“He hablado con Rimpoché y te concederá una audiencia al terminar la meditación”

– Qué!?

– No sé de que forma puedo agradecer el gesto, disculpe, disculpe la molestia, de verdad.

“Sólo espera, comparte con nosotros si quieres, eres bienvenido”

– Muchas Gracias!

Y ahí me quedé, mirando el techo, los muros, la gente y uno que otro perro chico que entraba de vez en cuando al templo en busca de un cariño o algo para comer, la gente en general no se queja de ellos, los acoge y hasta los toman en brazos.

Es maravillosa la forma en que esta gente canta los Sutras, lo hacen con ritmo y mucha devoción, muy al contrario de nosotros que somos cuadrados y muy profundos, como un mantra tibetano. Tras unos toques del mokugyo las personas se paran y disponen rápidamente sus cojines en filas perpendiculares al altar dejando entre ellos cinco pasillos. Yo sólo imitaba lo que hacían los demás sin entender que mierda pasaba.

/Sutra/ tibetano para: Enseñanza de Buda.
/Mokugyyo/ japonés para: Instrumento de percusión que marca el ritmo de los cantos.

Tras un rato entraron varios monjes y personas portando comida en grandes ollas y comenzaron a repartirla entre los asistentes, sin duda presenciar eso fue un grandísimo privilegio y compartir la comida con ellos una experiencia inolvidable.

La comida está apunto de finalizar y desde una puerta alejada veo entrar al tipo que me ayudó a conocer al Abad, se dirige a mi y me dice:

“Eres un hombre afortunado, Rimpoché quiere verte ahora”

– Gracias!!!!!!! Muchas muy!

 

Tuve que aprender el protocolo rápidamente mientras me llevan por unas escaleras que conducían a la parte alta del templo, en el salón se encuentran un montón de perros enanos y ruidosos, saltan de un lado para otro, y chillan, como chillan esos weones!.

El hombre, que después de haberme pasado su tarjeta entendí que no era más que el mero mero de la comunidad; Mukunda Bista, Presidente de la Sangha, que suerte que tengo por la cresta.

El Presidente saca de su maletín comida para los perros y una bufanda blanca que pone en mis palmas extendidas y paralelas al piso -los perros chicos son del Maestro-.

 

“Llegó el momento amigo, entra”, me dijo.

Tras pasar un par de umbrales plagados de banderas de oración el aire comienza a hacerse mucho más denso a causa de las velas de manteca y el fuerte incienso nepalí.

Tengo ante mí, finalmente, al maestro de mi maestro… él fue el culpable de que conociera a Jikusan hace más de 10 años, y es que quizás Jiku, si no fuera por su fuerte revelación de vida luego de conocer a Rimpoché jamás hubiera decidido ir a Japón a convertirse en monje. No sé, no conozco a este señor pero siento una profunda gratitud hacia su persona, luego de tres postraciones y un canto más largo que baile butanés, lo saludo y me siento a su lado, más abajo que él.

El maestro está sentado en la posición de loto en una esquina de la habitación, viste una especie de “pijama” de seda azul y se parece al señor “Miyagi” -no es chiste-, me transmite una paz notable, la misma que logro cuando visito a Jikusama. Su cara tiene dibujada una sonrisa permanente y al fin me siento en casa, nuevamente en casa, como en Bután, como en los Annapurnas, como en mi casa, como con los amigos en la punta de la montaña, nada me falta.

Hemos hablado de muchos temas en muy poco tiempo por cierto… interrumpidos sólo por los fieles que vienen a saludarlo -supieron que hoy se dejaría ver de forma extraordinaria, weones barzas.

Me ha preguntado por la salud de Jiku, y es que mi maestro tiene una manía con los insalubres ríos sagrados, ve uno y se tiene que tirar un piquero en el. Me pregunta además sobre mi estancia en Nepal y Bután. Yo por mi parte estoy en blanco, me pasa con Jiku incluso, mis decisiones, desde que conocí a Jiku, me han conducido a un estado de realización tan grande que no tengo nada en mi mente para preguntar o pedir consejo, sólo tiendo a responder la clásica respuesta que he tenido desde la consecución de mi surrealista estado de realización y felicidad:

 

“Vengo a este lugar sin preguntas, vengo a acá sólo a estar, soy feliz por que no me falta nada”

____________Silencio

El maestro ríe, acto seguido le doy las gracias y me pregunta:

“¿por qué?”

– por todo, respondo.

_____Silencio

Tras otro silencio mucho más breve entrego -Al fin- el regalo prometido: “This is Crystal Clear”, que ocasionó una carcajada agradecida y un espontáneo “maravilloso” de parte del maestro. El regalo no era más que una piedra brillante en forma de corazón -bien gay te diré-… No creo que haya tenido que cruzar al otro lado del mundo, peleado con toda la gente que he peleado para poder entregar un simple pedazo de piedra, para mi fue un objetivo que me dio alguien a quien quiero mucho, para ellos indudablemente la piedra esconde misterios de un cariño que no puedo ser capaz comprender.


Feliz de haber completado mi misión me percato al salir que es de noche, son casi las 19:30hrs y el ruidoso Kabiraj me espera para cenar…

 

@rugiendola Logradooo ctmmmm!!! Solo queda salir vivo de India y ver el Taj de noche!!

 

Lo demás, ya lo saben.

Siguiente capítulo: Adiós Nepal; reencuentros y desencuentros, al final.

Cover_cap12

_