Hace un par de años, durante mis vacaciones en Perú subí el Pastoururi, montaña con mas de 5800 metros, fue una muy buena experiencia pero de nada vale con la de hoy, exactamente a las 4 de la mañana salimos rumbo al leonera, 5000metros de altura me esperaran tras 7 horas de ida y 6 de vuelta aproximadamente.

Instalamos el campamento base a 4000. Luego de un minicarrete con ron, pucho y whisky (claramente no soy el mejor embajador de aro26 en el mundo), en fin, me fui a dormir con la preocupación de la puna latente en mi pensamiento, me tomé un ibuprofeno y a la cama tipo 12 de la noche, al día siguiente y como dicta la costumbre mi puto despertador no sonó y no importo mucho, ya a las 3 me había despertado con el sonido del viento y el ajetreo de los 7 aperrados que se preparaban al leonera, hacia frío, mucho, pero nada que fuera a mermar el deseo de lograr la meta, luego de los saludos de rigor, que bien parecian humildes invitaciones a una experiencia durísima, nadie se dijo nada y nos largamos, salíamos del domo ubicado en el cerro la parva rumbo al Leonera siempre en silencio, el grupo se separó en ese momento y quedamos 4 caminando por las faldas del pintor, siempre acompañados por la luna llena que brillaba con tal fuerza que podíamos realizar el recorrido sin linternas casi y así con esa acompañante silenciosa, confidente de nuestra aventura y espectadora principal de nuestra obra abrimos camino por cancha carrera que vendría siendo el símil del valle de la engorda en el Cajón del Maipo, una gran extensión de terreno que comunica las rutas que van al Leonera y al Plomo, uno de los 4 no venía bien, nos retrasamos bastante del otro grupo ya que con las molestias del compañero nos vimos en la necesidad de parar mas y bajar la velocidad de la caminata. Luego el primer obstáculo, al finalizar el trayecto de cancha carrera doblamos a la izquierda en direccion al Leonera pero antes debíamos cruzar una especie de puente, de roca dura y muy filosa, a cada costado un acantilado nos incomodaba, si bien en algunas partes contabamos con una pared bastante segura contra el viento, en otros sectores existian grietas gigantes en las que bocanadas de viento Este podían ser capaces de hacerte pasar un gran susto si no se contaba con las precauciones adecuadas, aún era de noche y con dificultad avanzabamos por un sendero angosto, en momentos este sendero era superado por el ancho de mis 2 pies juntos y paralelos al sendero, siempre cuesta arriba, siempre directo al objetivo.

Ya solo éramos 3, quién venía presentando problemas con la puna no pudo más y tuvo que regresar, no sin antes contarnos sus aventuras en los himalayas, donde consiguió llegar a los 4800 aprox, un gran tipo aquel, esperamos a que llegara a un lugar menos expuesto ya que sus constantes mareos no lo convertían en prenda de garantía para atravezar tan difícil sendero. Preocupados por el amigo olvidamos completamente que estabamos ante el espectáculo más impresionante de la cordillera, el amanecer se abría delante nuestro, dejando a la luna y al sol en un mismo plano horizontal, la convivencia de dos silenciosos personajes y nosotros en medio, obviamente te ponís a pensar en un montón de cabezas de pescado, puras críticas a nuestra sociedad materialista y todas estupideces que decimos los que amamos la vida al aire libre. Despues de las fotos de rigor emprendimos el rumbo nuevamente, eramos solo 3 y tratábamos a tontas y a locas de dar con el sendero entre ese escarpado terreno de piedra suelta y filosa, derrepente un flashback de Frodo y Sam caminando por Mordor se pasó por mi mente un rato, pasó el momento rápido al darne cuenta de mi infantil analogía y de lo estúpido que me vería chico, con orejas puntiagudas y a pata pelada caminando por esas piedras. Al salir del “puente” ya estabamos en la falda del leonera, un sendero ascendente y muy bien marcado nos instaba a caminar sin sobresalto alguno, estabamos a 4200 y la puna no hacia mella en nuestro físico ni en nuestros corazones…aún. Y continuamos no había tiempo para conversar ni reir, a las 10.30 se terminaba el recorrido estuviéramos donde estuviéramos para poder bajar a hora prudente a levantar campamento y partir a Santiago, con eso en mente solo queríamos subir, subir lo más posible ese puto cerro.

Mi cordada Luis empezó a mostrar síntomas de cansancio y puna pero seguía a paso firme a unos cuantos metros de cato y yo, y el oxígeno nos empezó a complicar, cada vez debíamos descansar más, ya respirábamos por la boca y teníamos q regular constantemente el ritmo cardiaco ya que por momentos sentíamos como si el corazón quisiera escapar escandalosamente de su prisión de venas, huesos y carne, solo entonces parábamos, nadie decia nada, pero en el fondo entendimos que debíamos subir a como de lugar, que no importaba el cansancio, la puna o el tiempo, había que seguir subiendo y así fue. Ya por los 4600 sentía lentamente como mi cuerpo se desvanecía con cada pisada, a medida que avanzábamos el tiempo y el terreno se hacían mas hostiles, acarreos interminables y matapiernas, sumados al frío y fuertísimo viento y a áreas congeladas del terreno que nos invitaban a sacarnos la mierda, y el aire obviamente seguía faltando, y con el tambien la moral, ya sentía mi cuerpo amilanado, débil y muy poco claro, ya el terreno me parecía un parto, senderos serpenteantes de piedra suelta en cada loma que lográbamos sortear. Por primera vez a 2 horas de la cumbre perdí mi primera batalla con mi cabeza, me sentía mal, apunado, incapaz de maniobrar el bastón, el viento no nos daba tregua y para peor los fantasmas de mis últimos meses empezaron a hacer mucho ruido en mi cabeza, pensé en abandonar, inmediatamente abrí mi bolso con algunos remedios y me tome ese bendito ibuprofeno, paulatinamente la presión y dolor de cabeza bajo considerablemente, solo necesité un “vamos weon” para emprender el rumbo nuevamente, ya no había desazón, ya no había dolor ni cansancio… Ya no quedaba nada..ni siquiera problemas, ni siquiera tristeza, era yo en mi elemento, era yo haciendo lo que me ha hecho feliz toda la vida, no podía retirarme, acostumbro a luchar hasta el final y esta no iba a ser la excepción weon!.

La última hora del periplo fue extraña, perdí toda conciencia de tiempo y espacio, mis piernas seguían funcionando, con dificultad, pero la voluntad siempre fue mayor, el probarme nuevamente a mi mismo siempre fue más que las ganas de mandar todo al carajo, en momentos parecía Frodo, arrepintiendose de lanzar el anillo al fuego después de haber andado mas q kung fu, nuestro compañero Luis agarró el segundo aire y se fue disparado hasta la cumbre que yo veía tan lejana, finalmente lo último que puse ver de él fue su chaqueta amarilla perdiendose entre las rocas. El viento cada vez era más helado y sentía que si daba otro paso más mis gemelos explotarían (es particularmentr chistoso y caga onda saber que deportistas hacen este cerro en algunas horas, me sentí un weon super penca). Finalmente llegue a un sector donde la huella terminaba, la nieve no tenía ningún tipo de intervención alguna, ya sea por pisadas o rocas, miré hacia mi derecha y divisé un promontorio bastante escarpado, no se veían huellas aparentes para ascender, ya no veíamos a Luis así que con mi compañero intentamos buscar alguna forma de subir, finalmente el segundo aire llegó y subí con lo que me quedaba de fuerza, resbale en 2 ocasiones y en una de ellas perdí la protección del lente de mi camara, ni siquiera caché, mi objetivo estaba puesto en subir esa loma para ver que más me quedaba por sortear. Y no quedaba más nada, mi estado de estupefacción era absoluto, sólo, con el fuerte viento que me susurraba al oído, por fín llegaste weon!. A mi adrenalina del ataque de cumbre se sumo una felicidad extraña, inusitada y poco común durante mis últimos meses, la alegría de haberlo hecho bien, de haber terminado, de entender que los problemas se pasan, que son sencillos cuando se atacan con voluntad, que el valor de la vida, de nuestra vida, esta en cuanto somos capaces de aperrar por nosotros y por el weon del lado, como las metas pueden ser compartidas y celebradas en equipo, allá arriba donde el ego se azota contra los muros de piedra a causa del viento, se congela con la nieve reinante y pasa a ser un elemento irrelevante pero al mismo tiempo, arriba, en la cumbre se transforma en humildad, en fuerza y determinacion. Nos miramos y nos abrazamos, fue durísimo pero lo logramos, cada uno con sus motivaciones, cada uno con sus fantasmas. El camino de regreso fue en silencio, tranquillos, se me había pasado la puna, no así a mi amigo Luis, su desgaste le paso la cuenta y solo verlo a él caminando era agobiante, a esas alturas ya me había enterado de que mi celular habia sonado a las 6 am despertando a todos en el campamento, todos quienes querían dormir tranquilamente por cierto jajaja, al llegar la cara de indignacion de algunos era perturbadora… Seguíamos caminando y uno idiotamente se pone a hacer balances del año, lo que se espera para este que empieza, ese momento tan intimo era mi festejo, era mi forma de pisotear el pasado y encontrarme más vivo q nunca.

Durante todo el trayecto hubieron pensamientos para mis amigos, los viejos y los nuevos, que ganas de que estuvieran conmigo ahí! , haber compartido un copete en el crepúsculo o un café de madrugada, o quizás reirnos en la cara de las tonteras que nos hacían mal y comprender que hay cosas mas importantes, que todo pasa y se transforma. Quizás venga pronto el día en que vivamos estas aventuras en conjunto, compartiendo y entregandose los unos por los otros sin pero alguno, pq son éstas las cosas que nos hacen grandes… Pq esas son las cosas que nos tienen hoy reunidos.

Gracias!

los quiero weones!